La polémica regresa al Reina Sofía. Ya estaba tardando… Desde ayer hasta el 14 de junio, el museo celebra un encuentro con seminarios y conferencias de solidaridad con Palestina. Su título, ‘Desde el río hasta el mar’, ha levantado una gran polvareda, ya que es un eslogan antisemita utilizado por los terroristas de Hamás. En la web del museo donde se informa del congreso se ha incluido hoy un párrafo, con el que intentan explicar por qué se ha escogido esa frase. Dice textualmente: «Desde el río hasta mar, referido geográficamente al área entre el río Jordán y el mar Mediterráneo, es el poético lema utilizado desde los años 60 como reivindicación de la libertad y la igualdad de derechos de los palestinos. Desde ese llamado al respeto a la vida -y en ningún caso desde el aliento a la guerra o a la violencia, ni referido de ningún modo a la desaparición del Estado de Israel-, este programa quiere resonar con las voces que claman por la paz en todo el planeta«.

Párrafo que se ha unido a este otro, que ya estaba antes: «Ante la situación de emergencia que atraviesa Gaza desde octubre de 2023, el Museo Reina Sofía, en colaboración con TEJA. Red de espacios culturales en apoyo a las situaciones de emergencia, organiza un programa especial en solidaridad con Palestina como grito al cese de la guerra y el genocidio en la región del Máshreq«.

Hablamos con el director del Reina Sofía, Manuel Segade, esta mañana durante la presentación a la prensa de la exposición de James Lee Byars en el Palacio de Velázquez del Retiro, comisariada por Vicente Todolí.

¿Cuándo se planteó este encuentro de solidaridad con Palestina? 

—Estas cosas se empezaron a plantear con la Internacional hace ya muchos meses a partir del conflicto.

¿Un museo nacional debe tomar posición en conflictos internacionales?

—No estamos tomando posición en el conflicto en Oriente Medio.

Bueno, se habla colonialismo, genocidio, explotación, limpieza étnica…

—Sí, pero también sigue expuesta en el museo una pieza de Amos Gitai. Es una voz crítica con el régimen de Netanyahu, porque es una voz que también defiende desde los años 80 la solución de los dos estados. Quiero decir, es israelí, continúa yendo a Israel, no le han quitado el pasaporte, no es una figura, digamos, que esté en contra, precisamente, de nada que tenga que ver con el sionismo. Y me parece que lo que estamos haciendo, que es lo que creo que debe hacer un museo de arte contemporáneo, es ofrecer distintas vías de comprensión del presente. El Gobierno español está claramente muy posicionado con respecto a este tema, y otros gobiernos europeos también. Estamos en un momento de escalada de violencia muy tensa, difícil de comprender y todo el mundo está intentando defender la paz.

¿Tiene algo que ver la postura del Gobierno sobre este asunto con que el museo haga este encuentro?

—No, no, no. Es porque formamos parte de una serie de colectivos que tienen que ver con sociedades internacionales que, digamos, forman parte del museo desde hace ya más de 15 años. Desde 2010, con Jesús Carrillo, empiezan a trabajar estos colectivos. Con la Internacional tenemos un acuerdo de cinco años firmado hace dos, que además es un proyecto europeo, que no podemos romper. Simplemente tiene que seguir su curso. Son cosas que efectivamente dependen de herencias, eso es importante.

¿Usted no considera entonces que el museo ha tomado postura por una parte en este conflicto? ¿Israel ha protestado?

—No, todavía no. Y creo que además, insisto, hay varias posturas al mismo tiempo en el mismo museo, que para mí es algo fundamental, Si se están haciendo unas actividades en un sentido, también se tienen que hacer actividades en el otro. La muestra de Amos Gitai la abrimos antes de que ocurriese el conflicto y la hemos mantenido porque me parece que es hiperimportante que una voz israelí esté ahí. Participamos con TEJA [Red de espacios culturales en apoyo a las situaciones de emergencia] desde la guerra de Ucrania. Y tenemos artistas en residencia de lugares en conflicto. Seguimos teniendo trabajo con el conflicto ucraniano y ahora, pues lógicamente, también lo tenemos con el palestino. Y ayudamos a salir a ciertos artistas del país. Obviamente, estamos en una situación en la que el Estado de Israel está ejerciendo una fuerza muy grande. Y evidentemente a nivel internacional empieza a pesar. Es importante entender que estamos en un momento un poco fuerte en el que es lógico también que, no la institución, sino los artistas, las comunidades, empiecen a expresar con un poco más de fuerza el no a la guerra. A pesar de lo que pasa en lugares como Alemania, en nuestro país el no a la guerra siempre ha significado no a la guerra. ¿Cuál es el cuadro central de nuestro museo? ‘El Guernica’, que de lo que está hablando es de los bombardeos sobre la población civil. ¿Recuerda el acto activista de Greenpeace? [cuatro activistas desplegaron una lona de más de 60 metros cuadrados en la fachada del Reina Sofía para reclamar el alto el fuego permanente en Gaza]. Hubo más cosas. Hemos tenido un montón de acciones, digamos, en defensa de Palestina. Simplemente, gente que entra y a lo mejor se hace una foto con una bandera y ya está. O lanza un lema. Ahora, los museos son lugares que interesan al activismo como un espacio político de denuncia. Y, lógicamente, un lugar con ‘El Guernica’, tiene esta entidad, que no podemos evitar.

¿Defiende el museo como un lugar de activismo?

—No, yo lo defiendo como espacio social público. Tenemos unas salas que se llaman ‘Guernica’ y que hablan, precisamente, de la República, de esa intensidad política de ese momento, y hay otras salas en otra planta, que hablan de campo cerrado, y que están explicando toda la modernidad de la época franquista.